“El pecado de las ingenuas”
Su corbata sigue en su cuello.
Ingenua soy solo de pensar en ello.
Da igual que haga, ¿se supone debo confiar en ello?.
Y ha pesar de todo jamás he llorado.
Caeré entonces en la misma piedra hasta que mi corazón esté satisfecho.
Y escaparé cuando me arrastre el riachuelo.
Son palabras blasfemas de mi impuro pecho.
Que ya no importan mas, pues esperare lo inevitable de tu impulso.
Y lo claro de tu infundio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario