Parte 1
En un lugar muy parecido a nuestro mundo, había un bosque con pequeñas criaturas que solo podían ser vistas por aquellos que tienen una imaginación disparatada y que solo podían ser escuchados por aquellos que nunca hablan. Una variedad tan grande de criaturas que iban desde lo más pequeñito como una mota de polvo hasta gigantes como las montañas mismas.
Habitaban allí unos seres del tamaño de un mango llamados nokpots, llamados así por el sonidito que hacían con sus zapatos hechos de madera. Todos ellos de diferentes colores de piel y orejas grandes que cubrían con capas, con narices pequeñas que contrastaban. Con un solo ojo negro y brilloso para poder ver en la noche y colmillos filosos aunque casi indistinguibles, pues solo los utilizaban para cortar raíces.
Todos ellos vivían en una comunidad totalmente organizada en casitas y sistemas colgantes. Entre todos ellos había uno que resaltaba por ser algo torpe, miedoso y juguetón, todos los noktpots lo evitaban pues trabajar con él significaba lidiar con los destrozos de sus acciones bobaliconas.
Pero la inocencia de nuestro noktpot de color púrpura no notaba que lo evitaban o lo excluían, él solo pensaba que tal vez era porque no recolectaba tantas nueces y frutas como los demás. Así que un día una gran idea llegó a su mente. Era un plan infalible que lo llevaría a su meta de tener más amigos o incluso ¡una familia!.
Pues había una leyenda de una fruta dulce del color del atardecer al que llamaban "durazno". Contaban los ancianos nokpots que solo el más valiente de ellos podría realizar el viaje y sobrevivir ante los obstáculos de la salvaje naturaleza de su bosque y sus otros habitantes no tan amables. Solo entonces el noktpot elegido podría comer toda la carne de la fruta y llevar la semilla al pueblo, regalando así a todos los habitantes la cualidad de ser valientes y fuertes.
Entonces en una noche donde el aire no era ni tan frío ni tan caliente partió sin que nadie lo notara, llevando consigo una bolsita con comida para un viaje de una semana y su capa más gruesa. Sentía mucho miedo de dejar su hogar, pero el miedo de decepcionar a su clan era aún más grande, así entonces que aún con todo el miedo del mundo y el temblor que nacía desde sus huesos, partió sin mirar atrás.




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