"Las trenzas de Soledad"
Era tan tarde que ya se veía de mañana. Preocupada por como me comían mis remordimientos por la nostalgia y la tortura del "que pudo ser". La voz de mi amiga Soledad llegó, como siempre sin avisar. Aunque en realidad siempre está allí, hemos sido amigas desde la infancia y me he acostumbrado tanto a su presencia que a veces olvido que está siempre allí, jugando con las cortinas, arrimando muebles y perdiendo los objetos más pequeños de la casa.
Soledad noto inmediatamente el cansancio y la pesadez de mi existencia a través de mis ojos. ¿Ahora que te muele el alma?, pregunto casi apagada.
Me he caído tantas veces en la misma rodilla que ya no me sangra, pero aún así... Duele tanto que hasta la punta de mi nariz me llega a doler.
Pero, ¿sabes que es lo peor de todo?. Soledad mientras enredaba sus dedos en mi cabello haciendo trencitas sin dirección soltó un quejido que me indicaba que siguiera hablando.
Soledad... creo que ya me acostumbré a sentir siempre este dolorcito, porque de alguna forma me recuerda que sigo viva.

No hay comentarios:
Publicar un comentario